Cascais y Sintra: la nueva rivera atlántica

Como sin quererlo, esta zona al norte de Lisboa se ha convertido en el refugio europeo de moda, donde lo mismo encuentras una vajilla de loza que te roba el corazón, que ese paseo soñado por las callejuelas adoquinadas de Cascais. Con el sol casi siempre por testigo, sus playas salvajes arrancan olas a corazones surferos y sus bosques convocan paseantes nostálgicos. Eça de Queiros lo calificó como “un transporte a lo sobrenatural”, pero basta asomarse a esta costa para ver la magia del lugar donde se funden el río Tajo con la fuerza del Atlántico.

Cascais es tan marinero como conmovedor, tan royal como surfero, tan hippy como estiloso. El pueblo de pescadores, luego colonizado por la realeza lusa (y muchas otras) hoy desgrana un bulle-bulle de corte cosmopolita y vigorosa actividad. Sus tiendas se han multiplicado y reconvertido en locales de diseño, su música combina el nostálgico fado con sonoros festivales de jazz, las olas de sus playas ya no rompen solas: multitud de surferos han decidido acompañarlas, sus bares se han vuelto inconformistas… Vamos, que se ha recubierto de una pátina muy Saint Tropez donde coinciden tanto aristócratas como hippy-pijos y diseñadores de moda.

CASCAIS: AZUL DE FONDO

Empezamos nuestra ruta por este rincón de la costa norte de Lisboa paseando por las playas urbanas de Cascais: Pescadores y Duquesa, salpicadas de vez en cuando por calas como Rainha y Santa Marta, y escoltadas por acantilados salvajes. No es ninguna tontería el hecho de que cuentan con más de 300 días de sol al año, con lo que la ecuación Cascais+Sintra= paraíso, se palpa con facilidad. Encima, los precios son de lo más competitivos.

Para darte un buen baño visual de Océano Atlántico, asómate a la Boca do Inferno, un mirador entre rocas escarpadas, que lo mismo te propone una foto de oleaje furioso que de aguas tranquilas, según se tercie el viento, pero siempre iluminado por esa luz que ha hecho famosa la zona.

El paseo costero continúa por la Avenida Umberto de Italia, hasta el Faro de Santa Marta, reconvertido en un museo dedicado a la historia de los faros, y continuamos después hasta el Parque Carmona, un extenso pulmón verde donde pavos reales, gallos, gallinas y muchas otras aves, se pasean en plena libertad junto a árboles centenarios, lechos de flores y fuentes recubiertas de los clásicos azulejos portugueses.

Al salir del parque verás, a tu derecha, una de las estampas más bellas y características de Cascais: la Casa de Santa María, hoy museo con actividades culturales y exposiciones, construida en 1902 por el arquitecto Raul Lino para el noble irlandés George ONeill y en la que se han alojado desde los duques de Windsor al rey Umberto de Italia.

Merece la pena darse una vuelta por el Hotel Farol (farol.pt): arquitectura rabiosamente contemporánea y habitaciones proyectadas por diseñadores portugueses. ¿Un plus? Los platos que Hugo Silva, curtido en los fogones junto al desaparecido Santi Santamaría, propone en su excelente restaurante The Mix con unas impactantes vistas sobre el acantilado. Aprovecha para tomarte un café en uno de sus salones asomados al mar, y disfrutar de la mágica luz del atardecer.

Unos metros más adelante tenemos el Museo dedicado a la artista Paula Rego , diseñado en hormigón siena por el arquitecto Souto de Moura; es un buen punto de partida para adentrarte en las callejuelas adoquinadas del centro de Cascais, siempre animadas pero con una atmósfera relajada y familiar que cautiva desde el primer momento.

LA VILLA MARINERA MÁS COSMOPOLITA

Estamos en lo que los habitantes de Cascais llaman ciudadela, el centro histórico que parte de la plaza del Mercado donde vale la pena darse una vuelta por sus puestos y bares, una explosión de vitalidad portuguesa en toda regla. Las calles, algo empinadas, están tapizadas con adoquines blancos y negros que te transportan de inmediato a su origen como villa de pescadores. A partir de aquí no pararás de tener tentaciones gastronómicas: en el restaurante Jardin dos Frangos (Alameda de los Combatientes de la Gran Guerra, 68) donde sólo querrás repetir su pollo a la brasa y patatas fritas caseras; entre las tentaciones culturales está la librería Galileu (Av. Vallbon, 24), la más antigua de Cascais, con una espléndida selección de novedades, libros antiguos para coleccionistas y ejemplares de segunda mano y, claro, el momentazo shopping llega en White & Voodoo (Travessa da Alfarrobeira, 2), típica multi tienda con moda, flores, cafetería…

A dos pasos se encuentra Confraria (Rua Luis Xavier Palmeirim, 14), el restaurante de moda, donde los cascalenses se toman su sushi reinterpretado a la portuguesa, en una terraza animadísima a cualquier hora del día.

Si quieres bajar hacia el mar, elige la Rua das Flores, con restaurantes típicos marineros como O Pescador (rua das Flores, 18), un clásico que habitualmente visitaban los condes de Barcelona cuando vivían en Estoril. Pasarás un rato divertido viendo las fotos de las personalidades que lo han probado antes que tú (el rey Juan Carlos, Julio Iglesias, Robert de Niro o Iker Casillas), pero disfrutarás todavía más saboreando sus pescados y mariscos, y, sobre todo, su Cataplana (un guiso marinero típico de la zona).

COMER,COMPRAR… ¡GOZAR!

Muy cerca están la Travessa dos Navegantes, la Rua do Poço Novo y la Rua Alexandre Herculano. En ese triángulo a lo Notting Hill proliferan restaurantes pequeños y llenos de encanto, tiendas de artesanía y diseño y bares de tapas imaginativas, todo teñido de un ambiente bohemio y un punto sofisticado. Entramos en Moules & Gin , una taberna protagonizada por mejillones preparados en distintas versiones, acompañados con gin & tonic. Muy cerca está Diniz (Alexandre Herculano, 77), con tapas tradicionales portuguesas y unos quesos fuera de serie, y casi al lado Polvo Vadio (Alfonso Sanches, 47) que ejecuta el pulpo en todas las maneras imaginables. Si te gusta el ceviche, acércate a Waka, pero si eres de la tribu carnívora, tu destino es Hamburgueria do Bairro (Alexandre Herculano, 11). ¿Eres verdeadicta? Tu sitio te espera en Donha Flor Café, un bistró vegetariano con opciones veganas. Si te vuelves loca por los productos gourmet no te pierdas Souk (Alexandre Herculano, 33), con una refinada selección de caprichos del mundo entero.

Los que buscan artesanía de corte naïf, tienen que poner el rumbo hacia el personalísimo universo de Sabine, la pintora de piedras y creadora de Happy Sardine (happysardine.eu), una tienda diminuta con objetos ingeniosos y divertidos como platos de cerámica pintados, tazas decoradas, piedras, macetas y complementos de decoración hand made.

El broche de oro a este intenso recorrido tiene premio: un helado de Santini (Av Vallbom, 28), considerada la mejor heladería de Portugal, dato que nosotros confirmamos. El de Amendoa (almendras con vainilla) es inolvidable.

AQUÍ SÍ HAY PLAYA

Este viaje estaría incompleto si no destinaras un buen rato a conocer la playa do Guinxo, la más larga y famosa de la zona. Integrada en el Parque natural Serra da Sintra, tiene esa belleza salvaje que sobrecoge. La mejor para conocerla es recorrerla en bicicleta. Coge una en cualquiera de los diferentes puntos de Cascais, marcados con el cartel BICAS (servicio gratuito) para recorrer los 9 km paralelos al mar que llevan hasta esta playa, un paraíso para surferos y amantes del kite surf por su intenso oleaje y viento furibundo. Los locales me cuentan que la zona norte tiene un ambiente más chic, sobre todo alrededor del chiringuito Bar do Guinxo, el sitio dónde hay que dejarse ver. Ofrecen comida rápida y correcta y, por la tarde, copas con ambientazo asegurado que te hacen creer que estás en California: gente joven, de pelo rubio desteñido, muchas veces con traje de neopreno y tabla bajo el brazo, que llevan una vida muy happy.

A lo largo del paseo que bordea la playa hay varios restaurantes marineros que ofrecen cocina de calidad y vistas de infarto: Montemar y Porto Santa Maria son los más famosos. También está Furnhas do Guincho y las terrazas Love It y Paladar Da Guia, dos enclaves magníficos para tomar una copa al atardecer sobre el acantilado.

SINTRA,LA BELLA

La carretera costera que une Cascais con Sintra es sinuosa y de una belleza excepcional. Atraviesa el Parque Natural, entre bosques frondosos y elegantes villas medio escondidas entre árboles inmensos. Pero este viaje tiene sus ritos, como parar a medio camino en el mirador Cabo da Roca, un imponente acantilado que emerge 140 metros sobre el Atlántico y que resulta ser el extremo más occidental de Europa.

También atravesarás la Playa das Maças, una recogida cala que debe su nombre a las manzanas caídas que arrastraba la corriente, y de ahí alcanzarás Azenhas do Mar, un diminuto pueblo marinero encaramado en un acantilado que tiene una magnífica playa muy querida por los portugueses y alejada del circuito turístico. En ella hay una piscina construida entre rocas que las mareas altas se encargan de llenar.

Justo al lado encontrarás el detalle gastro en el pequeño restaurante con terraza Azenhas do Mar (Tel.: 351 21 928 07 39) donde disfrutarás de vistas privilegiadas.

Desvíate unos kilómetros para descubrir el pequeño pueblo de Colares, situado en las estribaciones de la Sierra de Sintra y asomado al mar por encima de un valle cuajado de pinos, castaños y hortensias. Junto a esta aldea hay una gran plantación de viñedos de los que sale el famoso vino tinto Colares. Vale la pena pararse en Coisas da Terra (coisasdaterra.pt), un gran hangar muy bien acondicionado y repleto de exquisitos complementos decorativos en venta. Por fin llegamos a Sintra, tan aristocrática, tan romántica. Situada en lo alto de la sierra y con un microclima pseudotropical (fresco y muy húmedo), es una especie de invernadero natural donde los palacios se suceden uno tras otro, rodeados de parques y jardines que compiten en espectacularidad.

Naturalmente, la vista empieza por el famoso Palacio da Penha, que en principio fue un convento construido por el Rey Manuel I en el siglo XVI y sobre el que, trescientos años después, el príncipe consorte Fernando de Sajonia Coburgo hizo construir un palacio romántico rodeado de un increíble bosque diseñado por él. Lagos con cisnes y patos, cascadas y grutas recrean un extraordinario decorado natural, repleto de árboles inmensos traídos de todas las partes del mundo y de especies florales exóticas. Casi 200 jardineros velan por la salud de este increíble bosque ajardinado.

Para que la cosa aristocrática no decaiga, vamos a la Quinta da Regaleira, que fue la casa de verano de la familia Carvalho Monteiro (aristócratas y filántropos), proyectada en el más puro estilo manuelino. Su parque es una sucesión de enigmáticos espacios que recrean dioses de la Mitología, templos masónicos y escenas de obras de Dante, Virgilio y Camoës.

DE PALACIO EN PALACIO

Si te gusta la decoración y los palacios, aquí tienes un buen alijo de posibilidades: el Palacio de Montserrate (parques de sintra.pt), el Convento de los Capuchos, el Palacio Nacional de Sintra o el Castelo dos Mouros. Pero hay un sitio que no puedes perderte, el hotel Palacio de Seteais (tivolihotels.com). Cuentan que lo llamaron así por los ayes que exclamó en el siglo XVIII su dueño, el cónsul holandés, Daniel Gildemeester, cuando le pasaron la factura de lo que tenía que pagar. Hoy es un lujoso cinco estrellas, romántico a más no poder y decorado de una manera impecable. Merece la pena, por lo menos, tomarse un café en su terraza.

Atención a la maleta para patear Sintra: prohibidos los tacones. El centro histórico de la ciudad es muy pequeño, pero con suficiente interés para que lo recorras contenta y sin dramas, así que ármate de calzado extra cómodo para recorrer sus calles empedradas y en cuesta que desembocan en el mar, entre casas cuajadas de azulejos. Portugal es una enorme pastelería pero Sintra se lleva la palma. Tiene tantas y tan buenas especialidades que debería llamarse algo así como Sintra la dulce, o Sintra de nata con un enorme terrón de azúcar en el escudo municipal. Como a la dieta le hemos dado un permiso de asuntos propios, te describimos nuestra ruta para compartir alegrías: en Piriquita (Padaria, 1) nos decidimos por los deliciosos hojaldres de almendra que aquí llaman travesseiros. En Sapa (Volta do Duche, 12) probamos sus famosas queijadas (delicadas quesadillas artesanales) y en el Café Saudade (Avda. Dr Miguel Bombarda, 6) nos sentamos a probar sus bollos de nata en un ambiente decimonónico. Cómo despedida, mira las vajillas de Bordalho Pinheiro y de Vista Alegre que venden en Bazar Central da Loja (Padarias, 2). Tu tarjeta entrará en alerta roja y tus caderas, también.

REYES SIN TRONO Y UNA DE ESPÍAS

Nuestra última parada será Estoril, cuyo nombre nos evoca un pasado de glamur e intrigas. Recordemos la historia: Portugal se mantuvo neutral durante la Segunda Guerra Mundial, lo que provocó que clases adineradas europeas y espías internacionales (camuflados bajo la falsa identidad de diplomáticos) se alojaran en esta elegante zona residencial, codo a codo con las exiliadas familias reales italianas y españolas. Así, esta pequeña localidad se convirtió en una pequeña delegación de Biarritz o Deauville durante un buen rato.

Quizás uno de los espías más famosos fue Dusko Popov, instalado aquí esos años, un artista del Black Jack y fuente de inspiración de Ian Fleming para su Casino Royale de 1954. La acción, naturalmente se sitúa en las salas del Casino de Estoril (el mayor de Europa).

Si te apetece revivir esos tiempos o simplemente por puro placer de descubrir este singular rincón europeo, date un paseo por la playa de Tamariz al caer el sol, u organízate una tournée por los sitios favoritos que nos recomienda la duquesa de Cadaval en estoril y Cascais: “Una merienda en Garrett (avda Niza, 54. Estoril. Clientela especial que merece la pena cotillear mientras das cuenta de sus insuperables bollos), el restaurante 5 Sentidos (Largo Assunção 6, Cascais. Tel.: 351 961 571 194), que ha reinventado como nadie la gastronomía tradicional portuguesa, el Estoril Mandarim, donde hacen platos chinos muy auténticos y las tiendas Espace Cannelle (Avda. Clotilde, 52. Estoril) y Loja das Meias (Avda. Valbom, 4. Cascais), una fantástica tienda multimarca”. A esta lista, nosotros añadimos un cóctel en el bar inglés del restaurante Cimas (avda Marginal, 2765).

Pero, sobre todo, date un baño de nostalgia en el hotel Palacio, otro de los escenarios de la obra de Ian Fleming, donde se describen sus pasillos. De hecho, también le llamaban el hotel de los murmullos, ya que fue el elegido por los espías internacionales como base de operaciones secretas. No olvides darte una vuelta por aquí, bien tomándote un aperitivo memorable junto a su piscina, escenario de varias tomas de la película 007, al servicio de su majestad, o dando palique a sus conserjes más veteranos, un auténtico tesoro vivo de anécdotas. Así, retrocederás unos cuantos años en el túnel del tiempo en pleno revival de su edad de oro

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